El acto sagrado de ver fútbol por TV

El filósofo y escritor uruguayo, Eduardo Galeano, describe al hincha del fútbol como alguien que una vez por semana olvida las labores mundanas para…

Jorge Cruz Silva

Marco López Paredes


El filósofo y escritor uruguayo, Eduardo Galeano, describe al hincha del fútbol como alguien que una vez por semana olvida las labores mundanas para aproximarse al acto sagrado. Así se puede perfilar la experiencia de acudir al campo de juego y de cómo esta procesión se vive en muchas zonas de Sudamérica, del norte de Colombia hasta lo más austral de Argentina y Chile.

Esta zona del mundo, que ha recolectado nueve títulos mundiales de fútbol de mayores, también es uno de los epicentros, en los primeros meses de 2021, de la pandemia Covid-19. Mientras los espectadores del fútbol europeo de a poco recuperan la esperanza de acudir a los estadios propios o visitantes, la población sudamericana está todavía en la espera de que los toques de queda terminen y de que las vacunas lleguen para ir al trabajo, hacer compras, dejar a los niños en la escuela y ni hablar de comprar boletos para un partido.

Galeano señala cómo en una “normalidad”, la dicotomía de disfrutar el partido en casa o en la cancha se resuelve sencillo en la mente del seguidor de fútbol: “Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia el lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles batiéndose a duelo contra los demonios de turno” (1).

Los 14 meses de suspensión han privado a los hinchas de presenciar esta lid. Claro, no han sido los únicos afectados. Si vemos al otro lado de la calle, los clubes y sus dueños sintieron este golpe en sus bolsillos. La Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol) informó que los sucesos que se despreden de la pandemia generaron pérdidas por 14,45 millones de dólares en 2020 (2). El período sin fútbol, del 11 de marzo al 15 de septiembre de 2020, arrojó ganancias de 329,8 millones de dólares, que no dejan de sonar astronómicas, pero según la Conmebol significaron 33% menos que el período administrativo previo.

Los hinchas no perdieron dinero, pero seguro lo hicieron en otros aspectos más profundos: seres queridos, trabajos, emprendimientos, oportunidades económicas y personales; sin embargo, el hincha del fútbol sostendrá que ir a la cancha es una de las actividades que deberán retomarse eventualmente, particularmente los más jóvenes que en varios espacios pueden mostrar una voluntad más fuerte de retomar espectáculos en vivo (3).

Ante la necesidad financiera de retomar los partidos y la imposibilidad de mirarlos en vivo, la gente se sentó frente a sus pantallas, mientras se cuidaba del virus. Esta experiencia deberá plantearse como una oportunidad de investigación en varias aristas: la reconfiguración o deconstrucción de la ritualidad, la proximidad en espacios físicos futuros y digitales actuales, y la percepción de vivir los partidos por TV.

Por un lado, la territorialidad de los hinchas, fanáticos y barras presenta una apropiación de un lugar que arroja mucho simbolismo a su alrededor (4). La delimitación geográfica de la fanaticada, la vestimenta y la generación diacrítica son acciones que se replican en avatares de redes sociales digitales, pero que no generan la conformación de un colectivo representativo en esta lucha de ángeles y demonios que describía Galeano. Estos no lugares, estas gradas digitales que se pueden encontrar en Facebook, Instagram o Twitter, podrían mirarse como una alternativa, pero será necesario preguntarle a los seguidores de los clubes si cumplen el cometido de potenciar el “aliento del hincha” de cierta forma.

En el campo de la proxémica, la pregunta es actual y futura; en este momento, los fanáticos sudamericanos están relegados a vivir una experiencia con base en el campo de la proxémica digital, que McArthur conceptualiza como “una negociación inscrita digitalmente del espacio personal a través de la mediación mutua de acciones entre el espacio y el usuario” (5). En lugar de tener a un fanático, colega o contrario en el mismo espacio, los fanáticos del fútbol han tenido que relacionarse con sus pantallas, sus televisores, sus computadores y/o sus teléfonos.

Este cambio paradigmático de consumo mediático advierte también un posible cambio en la forma de disfrutar el fútbol. En el estadio, el hincha tiene un mayor campo visual y puede enfrentarse a distractores, sin embargo, la experiencia del partido in situ lo vuelve una experiencia de apropiación intensa. Levis determina que este modo requiere de la atención incuestionable del usuario. Mirar el partido en casa, con la posibilidad de cambiar de canal, de tener el teléfono en la mano o de convivir con otras experiencias personales o mediáticas, transformarán a la vivencia en una de apropiación liviana o media, marcando una atención nula o una que permite realizar otras actividades no relacionadas (6). Después de todo, como sostiene el mismo Levis, “la sociedad de la información no es una sociedad de ocio” (7), no importa lo que se mire en las pantallas como forma de entretenimiento puro, sino cómo ese contenido se puede convertir en acciones de consumo.

También habrá que preguntarse cuánto de la proxémica análoga podrá recuperarse, cómo podrá restituirse la confianza de abrazar a un extraño tras el gol del equipo. Las filas antes y después de los partidos, los viajes de las hinchadas y la cercanía -ya antes compleja- de los hinchas con los jugadores deberán ser otros elementos de investigación.

Finalmente, el acto de mirar y escuchar un partido deberá ser analizado y comparado; Knorr-Cetina plantea que la experiencia frente a las pantallas generará una “situación sintética” (8), una virtualización de la experiencia de que la banalizará en cierta medida, pues apenas dos sentidos podrán replicar de alguna forma lo que ocurriría en el campo de juego. Las transmisiones por televisión buscan la optimización de ángulos de cámara, proveer repeticiones y complementar las jugadas con información visual adicional. Valdrá la pena preguntarse si esa mejor disposición del partido en 4K puede reemplazar a los sonidos, olores y sensaciones generadas en el estadio. Una indagación al respecto podría arrojar datos interesantes sobre el futuro del consumo y las posibilidades inmersivas de la transmisión de futuras competiciones.

El hincha no dejará de ver fútbol, lo hará en su sala o en las gradas del estadio. Para que lo haga junto a miles de seguidores, al menos en Sudamérica, todavía falta un tiempo. Mientras prendemos la televisión y gritamos goles, habrá que preguntarnos cuánto esta pandemia convertirá la experiencia misma de ver el acto sagrado.

 


Referências

1. Galeano, E. (2010). El fútbol a sol y sombra (2010). Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores S.A, p. 7.

2. La Conmebol cierra 2020 con pérdidas de 14,4 millones de dólares. (2021). Retrieved 16 May 2021.

3. Vegara-Ferri, J., Carboneros, M., Deliautaite, K., Díaz-Suárez, A., & López-Gullón, J. (2020). Fan’s perspective on professional leagues and sporting events during COVID-19 confinement period. Journal of Human Sport and Exercise, 0, En prensa, p. 9.

4. García Moreno, G., López Paredes, M. & Yánez Balarezo, S. (2020). Identidad juvenil y fútbol: la ritualidad convertida en violencia. Razón y Palabra, 24(109), p. 584.

5. McArthur, J.A. (2016). Digital proxemics: How technology shapes the ways we move. Londres: Peter Lang International Academic Publishers, p. 34.

6. Levis, D. (2014). Televisores, computadores y otras. Primera Edición. Buenos Aires: La Crujía, p. 298.

7. Levis, D. (2014). Televisores, computadores y otras. Primera Edición. Buenos Aires: La Crujía, p. 288.

8. Knorr-Cetina, K. (2009). The synthetic situation: Interactionism for a global world. Symbolic Interaction, 32(1), 61-87.

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